En contextos de transformación constante, esperar a que las circunstancias obliguen a cambiar puede ser una estrategia costosa. Para Jonatan Loidi, especialista en estrategia y transformación empresarial, una de las principales diferencias entre las organizaciones que logran resultados extraordinarios y las que simplemente se adaptan a lo que sucede está en su capacidad de actuar antes.
Durante Expo CAPASU 2026, Loidi presentó el concepto de la “Revolución del 5%”, una propuesta basada en una idea sencilla: los grandes cambios no siempre comienzan con decisiones extraordinarias, sino con pequeñas acciones que implican salir de lo conocido.
El 5% que genera una diferencia
Las decisiones que realmente pueden transformar una organización suelen ser también las que generan mayor incomodidad.
Cambiar una rutina, cuestionar una forma de trabajar, tener una conversación pendiente o probar una alternativa que todavía no ofrece certezas son ejemplos de ese pequeño porcentaje de decisiones que pueden abrir nuevas posibilidades.
La propuesta no consiste en cambiarlo todo de una vez, sino en identificar qué se puede hacer de manera diferente y comenzar a actuar.
En ese proceso aparece un concepto clave: la tensión productiva. No se trata de trabajar bajo estrés permanente, sino de generar el nivel de desafío necesario para movilizar a los equipos hacia un objetivo claro.
De reaccionar a anticiparse
La diferencia entre una organización reactiva y una proactiva también se vuelve más evidente en escenarios de transformación tecnológica.
La reacción ocurre cuando las circunstancias obligan a tomar decisiones. La proactividad implica observar las señales, prepararse y actuar antes de que el cambio se vuelva inevitable.
Esto adquiere especial importancia con la incorporación de la inteligencia artificial.
La discusión no debería limitarse a qué tareas puede automatizar una tecnología, sino a qué nuevas capacidades necesitan desarrollar las personas para trabajar junto a ella.
Algunas habilidades pueden quedar obsoletas, mientras otras adquieren mayor valor. Entre ellas aparecen la capacidad de relacionarse, interpretar situaciones, conectar ideas y comprender a otras personas.
Tecnología y personas: una nueva combinación
La inteligencia artificial puede realizar determinadas tareas con rapidez y precisión, pero eso no elimina el valor de las capacidades humanas.
En equipos híbridos, la tecnología puede potenciar el análisis y la ejecución, mientras que las personas aportan contexto, criterio, creatividad y capacidad de conexión.
Para las empresas, esto implica revisar también cómo se lideran los equipos.
El liderazgo en contextos de cambio requiere acompañar, identificar fortalezas, reducir burocracias innecesarias y generar espacios donde las personas puedan asumir nuevos desafíos.
El cambio empieza antes de que sea urgente
La principal enseñanza de la “Revolución del 5%” no está en realizar grandes transformaciones de manera permanente, sino en incorporar una disposición diferente frente al cambio.
Preguntarse qué podría hacerse de otra manera, aunque sea en una pequeña parte del negocio, permite abrir conversaciones y experimentar antes de que la realidad obligue a hacerlo.
En mercados donde la tecnología, los consumidores y las condiciones del negocio evolucionan rápidamente, la capacidad de anticiparse puede convertirse en una ventaja competitiva.
A veces, la transformación no empieza con una gran decisión. Empieza con ese pequeño porcentaje de incomodidad que una organización está dispuesta a asumir para dejar de hacer las cosas exactamente como siempre.
